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14 de octubre de 2016

Un campo joven, un campo próspero

campo joven

Samaná, el municipio más lejano del oriente caldense, vivió el pasado 30 de septiembre una fiesta con sus jóvenes. Llegar a la cabecera municipal no reflejaba esa fiesta, pero al dirigirse hacia alejados corregimientos y veredas como Encimadas y El Silencio, la alegría empezaba a sentirse en el ambiente. La razón de esto era un importante acontecimiento: la graduación de Técnicos profesionales en Gestión Agropecuaria de la Universidad de Caldas.


Hace algunos años, este tipo de eventos en los que la educación y la esperanza de un próspero futuro para el campo fueron protagonistas, eran impensables debido a la difícil situación de orden público que vivía la región. Sin embargo, hoy la situación es diferente y el hecho de que la educación superior llegue hasta sectores así de alejados y que han vivido estas situaciones, valida más que nunca alianzas como la público privada entre CHEC, Comité de Cafeteros de Caldas y Gobernación de Caldas que tienen una apuesta segura por el campo.


Esa mañana del 30 de septiembre fue soleada en Encimadas, la banda estudiantil de Samaná estaba lista para entonar los himnos y la presencia de los aliados: CHEC, Gobernación, en cabeza del mismo gobernador Ricardo Gómez; y Comité de Cafeteros de Caldas le daban a la pequeña institución educativa un aire de un evento que, literalmente, paralizó al pueblo porque no solo estaban los acompañantes de los graduandos, sino que gran cantidad de vecinos acudieron hasta el lugar para disfrutar esta emotiva ceremonia. Cada uno de los jóvenes fue llamado a ir por su diploma y la foto familiar no pudo faltar, una foto llena de orgullo y agradecimiento.


Tras la marcha triunfal, las felicitaciones y los abrazos, Julián Henao, ya como egresado, hizo el discurso donde el agradecimiento a Educación para la Competitividad no se hizo esperar al contar cómo, al ser estudiante universitario desde el corregimiento donde nació y creció, pudo vivir lo que es la educación para la paz.


Entrada la tarde, el turno fue para la vereda El Silencio, donde de toga y birrete, los jóvenes no podían ocultar sus nervios por obtener su grado. Sus padres, hermanos y familiares los vieron alcanzar este logro que arraigó en cada uno de ellos el sentimiento de que el campo es ahora más importante que nunca y que sin él las ciudades no pueden progresar. Por eso, como lo afirmó Catherine Gutiérrez, una de las egresadas, “no puedo dejar de decirlo con orgullo, me gusta el campo, y me voy a quedar a vivir en él”.