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Historias de papel, doblez tras doblez se aprende una y otra vez
Al nororiente de Medellín, en el barrio La Avanzada, todos los domingos se reúnen en la UVA Nuevo Amanecer, niños y jóvenes a plegar con sus manos un doblez tras otro para construir sorprendentes historias de papel.

Esto es gracias a la iniciativa de Santiago Quintero, un chico de 14 años vecino de la UVA, quien un día cualquiera fue disfrutar de ella con sus primos y quedó maravillado con todo lo que allí se puede hacer. Tanto así, que desde el primer cumpleaños de la UVA, en diciembre del 2016, decidió visitarla más seguido porque en este lugar se siente como en casa.

“En la UVA me hacen sentir como en casa, por el cariño que las personas de la comunidad y de la Fundación EPM que están allí me trasmiten, por las sonrisas que día a día hacen del espacio más agradable, por el aire y el agua que aquí se sienten diferentes, aquí estoy con nuevos amigos, que ahora, son como mis hermanos, en la UVA aprendo cosas increíbles”.

Uno de los talleres a los que asiste Santy, como lo conocen sus amigos, sirvió para que él tuviera una gran idea: “se me ocurrió compartir con las profes y los asistentes la construcción de un avión de papel, pero no cualquier avión, uno que volara tan alto que desde la plazoleta se viera como si tocara las nubes”.

Desde ese día muchos niños y jóvenes se mostraron interesados en pilotear el avión de Santy. Y en un abrir y cerrar de ojos la plazoleta de la UVA estaba llena de aviones que dibujaban sonrisas en las personas que estaban presenciando este espectáculo.

La emoción recorrió todo el cuerpo de Santiago al ver a tantas personas felices; inmediatamente pensó en muchas más figuras para compartirlas. Él se acercó a una de las mediadoras de la UVA y le propuso hacer un taller, “hablando con la profesora Cathe estábamos pensando en un nombre bonito para un taller de la UVA y entre juegos de palabras, apareció Historias de Papel.

Pliegue tras pliegue, siempre acompañado de un cuento, poema o adivinanza, se han creado diferentes animales desde osos panda, patos, perros y zorros, hasta un Pikachú. “He hecho parte de esta historia de pliegues y recortes, todos los días me asomo al aula múltiple y puedo ver cómo va creciendo el mural; es que este proceso es tan importante, que cuando desaparece cualquier figura del mural, por muchas que sean, para mí es notoria esta ausencia, así que puedo decir que esta es mi casa, mi escuela, mi lugar para divertirme y poder ser yo”.

Propiciar espacios adecuados para que los talentos puedan ser descubiertos y potenciados, es una de las grandes apuestas que tiene la Fundación EPM para que las comunidades donde tiene influencia el Grupo EPM sean territorios donde se respire cultura, arte y educación.