La mejor recompensa

Para llevar los beneficios del programa Agua para la Educación, Educación para el Agua, la Fundación EPM cuenta con un equipo humano dispuesto a realizar las travesías más difíciles, a cambio de la satisfacción que produce ver la sonrisa en los rostros de los niños y saber que toda una comunidad mejorará su calidad de vida, gracias a esta labor ¡Conoce la experiencia de Norma Forero Devia!

“Me siento feliz y agradecida por mi trabajo en la Fundación EPM. Me encanta que Agua para la Educación, Educación para el Agua llega a donde debe llegar, a los lugares y personas que lo necesitan. Para cumplir con nuestro trabajo nos desplazamos a través de largas trochas, pendientes, caminos de herradura, a pie, a lomo de mula o en lancha… ¡Como sea llegamos al campo colombiano!

Allí nos reciben las comunidades rurales con su incomparable capacidad de servicio, humildad y generosidad; nos abren las puertas de sus territorios y nos manifiestan agradecimiento porque ven cómo mejora su calidad de vida a través del agua potable y la educación ambiental.

Es una fortuna tener días llenos de satisfacciones que son alimentadas por las sonrisas de niños y niñas, los “Dios le pague”, los abrazos sinceros y sus preguntas reiteradas sobre cuándo volveremos… Nuestra mejor recompensa es la amabilidad de la gente, las atenciones y apretones de manos de los campesinos, y el agradecimiento de comunidades étnicas favorecidas con el programa y con nuestro trabajo. Esos seres humanos representan una gran motivación para hacer mi trabajo con calidad, compromiso y mucho amor”.
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