El sol del Bajo Cauca no es una ilusión

 

Nos pusimos en los zapatos, o mejor en las botas, de los integrantes del proyecto Ambiente para la vida y los acompañamos durante dos días en sus jornadas de trabajo en la zona urbana y rural de Caucasia. El resumen: son unos tesos.

Caucasia, el principal municipio del Bajo Cauca antioqueño, es un lugar en el que Diomedes Díaz le disputa en las esquinas el protagonismo musical a Silvestre Dangond y a los hermanos Zuleta. La banda sonora la completan la gran cantidad de motos que recorren sus calles con conductores y niños sin casco, y los cientos de camiones que transitan la Troncal llevando y trayendo mercancía entre la costa norte colombiana y el interior del país. Caucasia es un hervidero en todo el sentido de la palabra.

Pueblo Nuevo y el sol que calcina

El solo dato estremecía: esa tarde de agosto la temperatura era de 32oC a la sombra. Sin dejarse intimidar por el calor, los muchachos del equipo de Ambiente para la vida recorrieron el barrio Pueblo Nuevo para conversar con la gente. De puerta en puerta, o aprovechando una reunión espontánea de personas para hacer un corrillo educativo para hablar del uso eficiente de la energía o de la actualidad del proyecto hidroeléctrico Ituango. Eran charlas cercanas que dieron pie para hablar hasta de la mata e´ ñame sembrada en un solar o de la edad de la bebé que era mecida en una hamaca, como si estuviera en una atracción de un parque de diversiones.

El Sol 1

A través de esta misma estrategia se ha trabajado en fortalecer los lazos de confianza entre EPM y los habitantes de Ituango, Valdivia, Tarazá, Cáceres, Caucasia y Nechí. Después de un par de horas de recorrido, y sudando como el asistente a una clase de spinning, solo se puede decir: estos muchachos son unos tesos.

Navegando Cauca Abajo

La historia no sabe dar cuenta desde cuándo a una lancha con motor fuera de borda y capacidad para 20 pasajeros se le llamó Johnson en el Bajo Cauca antioqueño; lo que es claro es que recibió su nombre gracias a la marca de los motores que empujaban las embarcaciones: Johnson. Y así como el conductor de un taxi es un taxista y el de un bus un busero, la persona encargada de manejar un Johnson por el río Cauca es un Johnsero, y el nuestro en esa segunda mañana en Caucasia se llamaba Albeiro. Nos recibió en el Puerto de los Plátanos bajo un cielo encapotado por un aguacero que nos retrasó la salida más de una hora, pero que refrescó el ambiente y aligeró el recorrido aguas abajo.

Al corregimiento de La Ilusión se llega después de una hora y media de navegación río Cauca abajo. El caño que lleva hasta el corregimiento, Vallecito, es tan estrecho que prácticamente solo cabe una embarcación y en épocas de invierno se desborda anegando los potreros hasta llegar a las ciénagas La Estrella y La Serbia, que rodean a La Ilusión.

En el lejano 1888 el ayapelano Manuel Salvador Herrera llegó a la zona y al ver la belleza y la fertilidad del suelo no encontró mejor nombre que “La ilusión” para designar el lugar en el que echaría raíces y formaría una familia. En la actualidad 96 familias, varias de ellas descendientes de Manuel Salvador, conforman el corregimiento y aunque todavía cultivan el plátano, la yuca, el arroz y el maíz, el comercio no es tan abundante como en los primeros años, ni se ven con tanta frecuencia los ñeques, las guaguas y los armadillos.

Hasta allá llegó el equipo del Alcance 1: Diagnóstico socioambiental, del proyecto Ambiente para la vida, para hacer un recorrido por el corregimiento y conocer cuáles son los sitios de reunión, de culto, sus costumbres y hacerse una idea del estado de saneamiento básico y potabilización del agua, lo cual servirá como insumo para una eventual intervención en estos aspectos por parte del Grupo EPM.

El aguacero que refrescó el aire en la mañana había convertido la Calle del Prado, la única del corregimiento, en un barrizal en el que las botas se hundían y por tramos se hacía difícil caminar. Sin embargo fue maravilloso seguir conociendo el proyecto desde adentro y ponerse en las botas de los muchachos para valorar profundamente su trabajo. Y este es el mismo sentimiento que tienen los pobladores aguas abajo del proyecto hidroeléctrico Ituango, quienes esperan que la fase diagnóstica sea la puerta de entrada a muchos cambios e intervenciones en sus comunidades.

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