- Mostrar el contenido en un alto contraste para personas con limitación visual.
En el Grupo EPM nos preparamos para gestionarlos y promover el uso responsable del agua y la energía.
El Niño puede traer menos lluvias y más calor en algunas regiones, aumentando la presión sobre ríos y embalses.
En Chile, El Niño puede traer cambios en el mar, lluvias intensas en algunas zonas y nuevos retos para la gestión del agua.
En Centroamérica, El Niño puede sentirse como más calor, menos lluvia y mayor presión sobre el agua y la energía.
Es un evento natural de variabilidad climática asociado al calentamiento por encima de lo habitual de una zona del océano Pacífico y a cambios en la interacción entre el océano y la atmósfera.
De acuerdo con el IDEAM (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales) y la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) y, con base en los reportes disponibles a la fecha, las probabilidades de El Niño han aumentando durante los últimos meses. Actualmente, alcanza más de un 90 % de probabilidad de ocurrencia entre los meses de septiembre y diciembre, y un 82 % de probabilidad de que se instauren condiciones tipo Niño en el trimestre mayo -junio -julio de 2026.
Los escenarios de pronóstico señalan que el evento podría alcanzar su mayor intensidad entre diciembre de 2026 y febrero de 2027, periodo para el cual se estima un 96 % de probabilidad de condiciones El Niño y un 37 % de probabilidad de un evento “muy fuerte” —categoría máxima —. De consolidarse, podría incidir en el clima del país, principalmente con disminución en la cantidad y frecuencia de las lluvias en algunas regiones.
Para una declaratoria formal del fenómeno se requiere que las condiciones del océano y la atmósfera se mantengan acopladas durante varios trimestres consecutivos, de acuerdo con los criterios técnicos de seguimiento.
Cada fenómeno es diferente de los demás en cuanto a intensidad y duración. De acuerdo con los escenarios de pronóstico disponibles, El Niño podría continuar en lo que resta del año 2026 y extenderse hasta el primer trimestre de 2027, periodo en el que podría alcanzar una mayor intensidad y coincidir con la primera temporada seca, o de menos lluvias, de comienzos de año en varias regiones del país.
El fenómeno de El Niño no significa que deje de llover por completo. Aunque Colombia no tiene estaciones climáticas marcadas como otros países, sí existen meses del año en los que suelen presentarse más lluvias y otros que son más secos.
La temporada de mayores lluvias generalmente ocurre en los meses de abril a mayo y de octubre a noviembre en la zona Andina , pero el comportamiento de las lluvias puede variar según la región y el momento del año.
Existe una diferencia entre eventos de variabilidad climática como el fenómeno de El Niño y el cambio climático.
La variabilidad climática se presenta cuando, con cierta frecuencia, se producen variaciones frente a las condiciones habituales del clima; es un fenómeno temporal y transitorio.
El cambio climático es un proceso de más largo plazo que va afectando el clima de manera progresiva, originado principalmente por la emisión a la atmósfera de gases de efecto invernadero como el CO₂ generados por actividades humanas. Entre sus consecuencias están el aumento de la temperatura y cambios en otras condiciones del clima.
Aunque El Niño es un fenómeno natural de variabilidad climática, un planeta más caliente puede intensificar algunos de sus impactos porque implica más energía en el sistema climático, lo que puede hacer que ciertos eventos se vuelvan más extremos o generen efectos más severos en algunos territorios.
El IDEAM es la entidad nacional encargada de monitorear, analizar y comunicar oficialmente las condiciones del fenómeno de El Niño en Colombia. Para ello, combina análisis propios con observaciones y modelos de centros internacionales como la NOAA y el IRI (International Research Institute for Climate and Society). Esta integración de datos le permite identificar las condiciones del fenómeno, estimar su intensidad y proyectar su evolución.
En Colombia, el fenómeno de El Niño tiene como efecto principal la disminución de las lluvias en varias regiones . A menos lluvia, menos caudal en los ríos; en consecuencia, se puede llegar a tener menor disponibilidad de agua en los embalses que almacenan agua para el consumo humano y para la generación de energía eléctrica.
En Colombia, las centrales están conectadas al Sistema Interconectado Nacional (SIN) para optimizar la generación y distribución en todo el territorio; esto permite, por ejemplo, que la energía producida en Antioquia abastezca a otros departamentos.
En condiciones normales, la energía eléctrica en Colombia proviene en un 78 % de fuentes hidráulicas, un 19,5 % de plantas térmicas y un 2,5 % de Fuentes No Convencionales de Energía Renovable (FNCER). Sin embargo, en condiciones asociadas al fenómeno de El Niño, la escasez de agua obliga al parque generador a requerir de las centrales térmicas. Según el operador del sistema, XM (operador del Sistema Interconectado Nacional), algunos escenarios proyectan una demanda térmica de hasta 100 GWh/día. Esto exige un suministro continuo y seguro de combustibles fósiles (carbón o derivados del petróleo), lo que plantea importantes desafíos logísticos, de infraestructura, financieros, ambientales y de seguridad vial.
Colombia enfrenta un escenario de alta presión sobre su sistema eléctrico. Esta situación no es una crisis fortuita que ocurrió de la noche a la mañana, sino el resultado de tendencias estructurales acumuladas que corren el riesgo de intensificarse ante la alta probabilidad de consolidación del fenómeno de El Niño 2026-2027.
Uno de los factores más relevantes es el crecimiento acelerado de la demanda de energía. En términos sencillos: el consumo de hogares y empresas en Colombia aumenta a un ritmo que el sistema de generación no ha logrado equiparar. En mayo de 2026, el país registró la demanda diaria más alta de su historia con 261 GWh/día, cifra que superó la proyección con la que se diseñaron las subastas de energía más recientes (253 GWh/día). Al necesitarse más electricidad de la planeada, el margen de maniobra entre lo que se genera y lo que se consume es cada vez más estrecho.
Hace 20 años, los embalses del país nos daban autonomía para atender la demanda durante 89 días seguidos en épocas de sequía. En los últimos 5 años, ese indicador ha caído a 61 días. La autonomía del sistema se ha reducido en cerca de un 30 % , mientras el consumo de energía no para de crecer.
A esta presión se suma la pérdida de resiliencia del sistema. Hace dos décadas, la capacidad de los embalses ofrecía una autonomía de hasta 89 días continuos para atender la demanda en temporadas de sequía; en los últimos cinco años, ese indicador cayó a 61 días, lo que representa una reducción en la autonomía cercana al 30 %, mientras que el consumo continúa creciendo.
Por el lado de la oferta, la entrada de nuevos proyectos avanza a paso lento. De los 4,475 MW proyectados para 2026, solo el 6.5 % (291 MW) ha entrado en operación comercial; de hecho, en los últimos seis años el avance general no supera el 28 %. El panorama de las energías limpias también sufrió un revés en 2025, año en el que se retiró el 16 % de las plantas solares planificadas (equivalente a 1.534 MW) debido al incumplimiento de pruebas técnicas.
Finalmente, la infraestructura de transporte agrava el problema. Los proyectos que requieren las grandes autopistas eléctricas del Sistema de Transmisión Nacional (STN) acumulan un retraso promedio de 50.3 meses. En consecuencia, esto limita la oportunidad y capacidad con la que la energía puede llegar a los territorios que la requieren.
El riesgo de racionamiento no es un hecho que se anuncia, sino una posibilidad técnica que depende de la coincidencia de varios factores críticos. Si el período 2026-2027 llega a registrar un déficit de lluvias similar al histórico de 1991-1993 —una de las sequías más severas de Colombia—, el sistema entraría en un escenario de vulnerabilidad. Esta situación se agravaría si el crecimiento continuo de la demanda coincide con niveles críticos en los embalses o con limitaciones en la generación térmica necesaria para compensar la falta de agua. En definitiva, el desabastecimiento es una probabilidad que se materializaría si estas variables adversas se presentan de forma simultánea y sin acciones preventivas oportunas.
Es precisamente ante este panorama que el Grupo EPM y el sector energético actúan de manera anticipada. Las estrategias actuales se concentran en preservar niveles seguros de almacenamiento en los embalses, asegurar la disponibilidad de las plantas térmicas y coordinar con el Gobierno Nacional y los reguladores la adopción de medidas oportunas.
Al 30 de mayo de 2026, los embalses del Grupo EPM alcanzaron un nivel agregado del 80.3 %, registrando una posición favorable frente al promedio del sistema nacional, el cual se sitúa en un 64.8 %. Esta ventaja operativa es el resultado de una gestión técnica activa y planificada. Con el fin de garantizar el suministro eléctrico durante el fenómeno de El Niño, mantendremos altos niveles de almacenamiento en los embalses principales hasta diciembre, extendiendo la capacidad de respaldo hasta abril de 2027.
La central Ituango es un activo estratégico para la seguridad energética de Colombia. Actualmente, gestionamos ante la ANLA (Autoridad Nacional de Licencias Ambientales) la modulación de la Resolución 2306 de 2019 para optimizar su operación, lo que incluye la autorización de trabajos clave en el vaso del embalse.
Maximizar el volumen de almacenamiento en Ituango es crítico durante las temporadas de sequía. En términos sencillos, el embalse actúa como una gran reserva de energía: a mayor cantidad de agua acumulada, más días se puede generar electricidad sin depender de las lluvias inmediatas.
Ese volumen adicional equivale a contar con el respaldo de una planta térmica de 130 MW operando de forma continua, una capacidad suficiente para abastecer a una ciudad del tamaño de Medellín durante 15 días.En épocas de El Niño, cada día de generación adicional cuenta.
Por otro lado, existe una preocupación regulatoria respecto al Decreto 0177 de 2026 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS). Esta norma asigna a la ANLA competencias sobre la gestión de los embalses que no corresponden a su perfil técnico, lo que introduce riesgos operativos en el sistema. Ya hemos advertido formalmente sobre esta situación y trabajamos de manera articulada con el Ministerio y el CNO (Consejo Nacional de Operación) para tramitar los ajustes necesarios.
Tenemos modelos de riesgo financiero para distintos escenarios, incluyendo los más adversos. Sin embargo, existe un desafío estructural que requiere resolución inmediata: el Gobierno Nacional adeuda al sector energético 8.2 billones de pesos por conceptos de subsidios, opción tarifaria, cartera oficial, la deuda de Air-e y pasivos con el sector de gas. Esta situación compromete la solidez financiera de todas las empresas del sector, incluidas las del Grupo EPM. Ante este panorama, reiteramos nuestro llamado al Gobierno Nacional para que honre estos compromisos financieros de manera oportuna.
Se consideran prioritarias cuatro acciones fundamentales:
Ante un eventual escenario de racionamiento programado, las empresas de energía del Grupo EPM disponen de protocolos como: los esquemas de desconexión rotativa que priorizan a clientes esenciales —como hospitales, acueductos, servicios de emergencia, hogares geriátricos y centros de reclusión— y garantizan canales de comunicación anticipada con cronogramas claros para la ciudadanía, además de asistencia permanente a usuarios vulnerables.
Nuestro compromiso es asegurar que, de ser necesaria la medida, el impacto sea mínimo y se distribuya de forma equitativa.
Actualmente, cada empresa del Grupo adelanta un censo riguroso de su infraestructura, evaluando carga por carga y subestación por subestación, para clasificar con precisión los circuitos vinculados a los clientes y usuarios esenciales. Esta planeación técnica permitirá establecer prioridades de suministro ante contingencias y garantizará que los operadores de red ejecuten las maniobras con total control.
Cabe aclarar que los clientes y usuarios esenciales no requieren realizar un nuevo registro, dado que ya se encuentran identificados y reportados.
Reservas hídricas en Colombia e hidrología del Sistema Interconectado Nacional – SIN
Es el agregado en energía de las reservas hídricas que hay en los embalses de todo el SIN.
Es la energía total que se está consumiendo en el país en tiempo real.